Critica: Cuestión de honor
Existe un subgénero en el cine policías que vaga entre el drama y la acción, en el que se tratan temas de corrupción dentro del propio cuerpo. En la película Cuestión de honor del director Gavin O’Connor, nos encontramos una vez más ante una historia sobre corrupción policial, aunque en esta ocasión todo queda en familia.
La trama es llana y sencilla, y se sigue con previsibilidad en todo momento. Quizá la falta de sorpresas y de acción en muchas de sus escenas, provocan la sensación de que esta película esté realizada a medio gas, aunque con muy buenas intenciones.
La narrativa audiovisual empleada es realmente buena: el uso de la cámara en mano para transmitir tensión y dinamismo, la planificación y resolución de algunas secuencias con gran simbología audiovisual, y el trazado (eso sí, breve) de los personajes femeninos que marcan las decisiones morales de los tres protagonistas, los hermanos interpretados por Eduard Norton y Noah Emmerich, y el cuñado Colin Farrell. El patriarca de la familia también juega un papel importante, encarnado por Jon Voight (ya más conocido por ser el padre de Angelina Jolie).
En definitiva, la película está bien resuelta, es correcta, quizá le sobren algunas secuencias y le falte profundizar sobre otras. Uno de sus fallos, es el no decantarse entre un film de acción o un film de personajes, creando una mezcla difusa que deja incompleto al espectador. En el 2008, recuerdo haber visto una película de este estilo llamada Dueños de la calle, en la que aparecía Keanu Reeves y Forrest Whitaker que me dejó mejor sabor de boca.
Le pongo un 6 de 10