Vicky Cristina Barcelona
Sin duda la última película de Woody Allen no ha pasado desapercibida. La repercusión mediática del rodaje en tierras españolas, supuso una gran campaña de marketing y promoción para este film. Si a esto se le suman los rumores constantes de relación sentimental entre algunos de sus actores, tenemos como resultado: la venta de la entrada del cine no sólo al gafapasta seguidor habitual del cine de este gran director neoyorkino, sino también la de la maruja del tercero que sigue todos los programas del corazón, acompañada de su séquito habitual.
En definitiva, para mí ver esta película se convirtió en un experimento sociológico. De hecho, estuve observando con atención el gentío que se había acercado a la sala a verla. Y realmente, había una gran diversidad de público no muy característica del cine de este director.

Después de ver la película me quedé con una sensación de indiferencia. Básicamente asistimos a una película en la que el guión es mera anécdota, nuestros actores españoles están esforzados pero poco acertados y donde brilla sobre todos los elementos la actuación de Rebecca Hall (que ya había destacado en El truco final de Christofer Nolan). De todo esto podemos extraer como conclusión que Woody Allen ya no anda tan inspirado como en otras épocas, aunque a su favor debo decir que disfruté viendo Match Point, su única genialidad en este milenio. En lo referente a nuestros actores, tengo una ligera sensación de que Allen ofreció este papel a Penelope con cierta ironía, aunque es una conclusión propia.
Le doy un 5 / 10.